00 Has de saber

Hace tiempo, en una época perdida y apenas presente en mis sueños fui otro hombre, como otro fue este mundo en el que reposan los huesos de mi esperanza.

Aquel hombre se confesaba fácilmente, compartía sin medida lo que hoy se ha convertido en una fútil y cruel herramienta obsoleta, la voz.

Más han llegado a mí, llevadas por el destino o por puro capricho del azar, pluma y cuartilla, y no requiriendo estas de más energía que la mía para expresarse, serán pues voceras de mi existencia, para lecturas venideras, propias o ajenas.

Comenzaré mi relato cercano al final, no para desalentar al lector curioso, que anticipa la lectura de la última página, con el deseo culpable de adivinar en el final si la historia que se le presenta ha de remover su conciencia, despertar sus terrores o aliviar sus anhelos, no, sino más bien porque ha de entenderse mejor lo que deseo contar de mi existencia, si con frecuencia regreso al origen de las cosas, a lomos de las cosas mismas.

No en vano es así que se nos mostró el mundo a quienes habíamos de soportar el reto de entenderlo – como el lector entenderá después – pues “conocimos “ al primero de los hombres en una pantalla iluminada mientras el último de ellos se gestaba ya bajo el sol y la luna.

Antes aún, mostrábasenos esta – la luna – en su esplendor y el sol en su dorado trono sin haber estos – en nuestro primario conocimiento – dejado escrito su pasado ni su destino, ambos más convulsos de lo que hubiésemos sido capaces de intuir.

Para no aturdir al imaginario lector doliente que recorre estas líneas comenzaré mi relato en el momento en que cita un hecho acontecido aquí y de este mundo, como todos ellos frio, ladino y cruel como sus iguales. Habrá tiempo en este testamento de relatar los hechos que acontecieron más allá de la naturaleza y la razón y que se adueñan ahora de lo que fue nuestro feudo.

Pero esa es una historia de locos y para locos.

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